
"El futuro no se va a salvar a si mismo". Capitan Kirk (episodio 1).
_____
Star Trek Phase II - Episodio 1: Primera Victoria ("In Harm's Way") // Link
Star Trek Phase II // Link
[entrada publicada originalmente el 28-03-2008 01:47 en Yahoo! 360]
Si los líquenes son algas, por tener algas, entonces ¿nosotros somos arqueobacterias superiores, por tener mitocondrias? Antonio Niño.
Un lugar cerrado de vegetación hasta las copas, donde una vereda se curva ligeramente a la izquierda, hasta perderse de vista entre la neblina y la penumbra matutina; todo esto bañado en leves tonos de grises y negro, pero que en pequeños y ciertos lugares con más luz, la neblina destella y difunde un espectral ambiente casi verde.
Mientras Darwin escribía El Origen de las Especies, un botánico francés pensaba esas cosas [¿Cómo podía haber diferentes formaciones -vegetales- mirándose a la cara a través de sus fronteras como naciones en guerra?], como cuestión tangencial al gran trabajo de su vida. Era Alphonse de Candolle, un taxónomo, un botánico herborista que viajaba poco pero tenía a su disposición grandes colecciones de París, que representaban todas las plantas conocidas del mundo. [...] Al señalar las especies, Candolle empezó a ser sutilmente consciente de la curiosa forma en que éstas estaban regimentalizadas en formaciones y comprendió que esto era algo que había que explicar. La respuesta obvia parecía ser algún aspecto de la climatología. La escasez de agua, un accidente geográfico, debían desde luego explicar las formaciones desérticas y, tal vez, los prados, pero para entender el resto era necesario algo más.
Candolle pensó que la respuesta debía residir en ese otro parámetro climatológico tan sencillo de medir: la temperatura. Llegó incluso a afirmar que debía de haber cambios críticos en el régimen calórico en momentos determinados del año en las tierras fronterizas, que explicaran los cambios existentes entre una formación y la adyacente, e incluso hipotetizó las isotermas que debían hallarse siguiendo los límites de las formaciones. La vigilancia del clima mundial prácticamente no había comenzado en los años 1850, dándole a Candolle pocas posibilidades de trazar mapas realistas de la temperatura. [...]
Los escritos de Candolle acerca del tema estimularon los pensamientos de los pioneros de la meteorología, que estaban, justamente entonces, emprendiendo la labor de vigilancia del clima del mundo. Al igual que en las demás ciencias, una de las primeras tareas consistió en clasificar los fenómenos de su disciplina, y clasificar el clima debe implicar, sin duda, plasmarlos sobre mapas. Pero, ¿cómo refleja uno el clima sobre un mapa? -sin tener estaciones en cada país, sin satélites en órbita, cuando los frentes climáticos parecen estar en constante estado de flujo. La respuesta elegida por los meteorólogos fue aceptar la conclusión de Candolle de que era el clima lo que determinaba las fronteras de las naciones de plantas. Hicieron mapas de éstas y los llamaron "clima".
El más notable de los climatólogos de ese tiempo fue Vladimir Köppen, de Viena, que no sólo reconoció las conclusiones de Candolle y utilizó sus mapas, sino que también estuvo de acuerdo en que los cinco tipos básicos de formaciones reconocidas por los botánicos debían representar cinco clases principales de clima. El húmedo bosque tropical, los desiertos calurosos, el bosque templado de hoja caduca, el bosque boreal de abetos, y la tundra se convirtieron en los tipos climáticos A, B, C, D y E. Todas las formaciones menores, como las arbustivas del maquis y el chaparral, representaban subdivisiones de uno de los tipos climáticos básicos. Todos los mapas climáticos, incluso los utilizados hoy en día, reflejan estas decisiones originales de Vladimir Köppen y sus colegas.
Cualquier atlas contemporáneo contendrá junto al mapa de la vegetación del mundo, un mapa de clima mundial. Y allí estarán las sombras de Candolle y Vladimir Köppen trazadas sobre las páginas con grabados en color. El bosque de lluvia, la tundra y las regiones ocupadas por coníferas estarán en uno de los mapas; los climas A, B, C, D y E en el otro. Ambos encajarán entre sí porque son el mismo mapa.
Al volver la página, tendremos de nuevo ante los ojos el mismo mapa, pero ahora recibe el nombre de mapa de suelos. [...]
Los meteorólogos y los edafólogos han salido bien librados de su enorme engaño cartográfico durante tanto tiempo porque sus mapas funcionan.
y = a + b1x1 + b2x2 + ... + bnxn.
Hacia 1970 formé parte de un pequeño grupo de físicos, biólogos, pintores y poetas reunidos en Aspen, Colorado, para debatir sobre la experiencia de la gestación de ideas creativas. Cada uno de nosotros describió un episodio referente a su propio trabajo. Yo elegí el del lapsus durante mi charla en Princeton [se refiere a una conferencia donde Gell-Mann explicaba que cierto valor no podía ser solucionado; intentó ejemplificar la incapacidad con el valor más prometedor pero erróneo; el problema es que se equivocó al expresarlo y el error era la solución correcta que identificó de inmediato].
Los relatos mostraban una notable concordancia. Todos habíamos encontrado una contradicción entre el modo establecido de hacer las cosas y algo que queríamos llevar a cabo [...]. En primer lugar, habíamos trabajado durante días, semanas o meses, meditando sobre las dificultades del problema en cuestión e intentando solventarlas. En segundo lugar, había llegado el momento en que, aunque siguiéramos dándole vueltas al asunto, era inútil seguir pensando. En tercer lugar, de modo repentino, mientras paseábamos en bicicleta, nos afeitábamos o cocinábamos (o por una equivocación, como en el ejemplo descrito por mi), se presentaba la idea crucial. Habíamos salido del atolladero en que nos habíamos metido [...].
En cualquier caso, entre la fase de saturación y la de iluminación siempre transcurre un intervalo de tiempo apreciable que puede considerarse como un período de incubación, tanto si pensamos intensamente sin ser conscientes de ello como si solamente algún perjuicio pierde gradualmente su capacidad para dificultar el hallazgo de la solución [...].
¿Es necesario pasar por un período de incubación? ¿Puede acelerarse o eludirse esta etapa de modo que no tengamos que esperar tanto para que acuda la nueva idea indispensable?
El papel de la teoría en la ciencia debería ser obvio , aunque en mi propio caso, pese a haber dedicado toda mi carrera profesional a la física teórica, me llevó mucho tiempo apreciarlo. Fue al ingresar al MIT para graduarme cuando finalmente se me reveló cómo es en verdad la física teórica.
Cuando estaba en Yale siempre conseguía altas calificaciones en los cursos de ciencias y matemáticas sin entender por completo lo que estaba aprendiendo. A veces me parecía que sólo estaba allí para regurgitar en los exámenes la información con que me habían cebado en clase. Todo cambió tras acudir a una de las sesiones de los seminarios de física teórica que organizaba la Universidad de Harvard y el MIT. Pensaba que el seminario sería una especie de clase magistral; pero de hecho no fue una clase en lo absoluto, sino un debate serio sobre temas de física teórica, en particular de la física de los núcleos atómicos y partículas elementales. Asistieron profesores, investigadores y estudiantes graduados de ambas instituciones: un físico teórico pronunciaría una breve conferencia y después habría un debate general sobre el tema presentado. En aquel entonces yo era incapaz de apreciar en su justa medida tal actividad científica, pues mi modo de pensar se circunscribía a asistir a clase, aprobar exámenes y tener contento al profesor.
El conferenciante era un estudiante graduado de Harvard que acababa de presentar su tesis doctoral sobre el carácter del estado fundamental del boro 10 (B 10 ), un núcleo atómico compuesto de cinco protones y cinco neutrones. Mediante un método aproximado que parecía prometedor, pero cuya validez aún no estaba garantizada, había hallado que el estado fundamental debía poseer un momento angular de -espin- de una unidad cuántica, como se esperaba que fuese. Cuando terminó de hablar, me pregunté que impresión habrían causado sus cálculos a los eminentes físicos teóricos de la primera fila. Sin embargo el primero en tomar la palabra no fue ningún teórico, sino un hombrecillo con barba de tres días que parecía haber salido arrastrándose de los sótanos del MIT. Dijo: -Oye, el espin ese no es uno. Es tres. ¡Lo acaban de medir!-. De repente comprendí que la misión del físico teórico no es impresionar a los profesores que se sientan en primera fila, sino explicar los resultados de las observaciones [...].
Me avergoncé de mí mismo por no haber sido capaz de descubrir antes como funcionaba la empresa científica.
"Los poquísimos argumentos irrebatibles contra el pensamiento dogmático consisten en romper el aislamiento y mirar hacia fuera".
"El mérito principal de REDES ha consistido en traer a la pantalla ibérica, durante más de diez años, el pensamiento, cada semana, de los mejores científicos del planeta, incluidos muchos premios Nobel. Desde Cambridge, Nueva York o San Francisco hemos escuchado lo que se estaba descubriendo en los laboratorios sobre los mecanismos de la vida, la mente y el Universo. Es la internacionalización del pensamiento frente al arraigo de las capillas".