viernes, 25 de junio de 2004

naranja rúbica

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Arte
Aleatorio

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Estaba buscando como meter un DEM en una tabla y luego ponerlo aquí [1]. Con la novedad de que si puede convertir ETOPO5 a tabla HTML, pero sus 4320 x 2160 celdas no caben en la comunidad [1], de hecho, aquí sólo acepta aproximadamente unas 20 x 20. Ni modo, por lo menos nos quedamos con esta fruta rubick construida con ese convertidor que programé y que puede además generar colores y profundidad de manera aleatoria [2].

Actualización:
¡Si se pudo! ver DEM de Nuevo León // Link


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[1] Se refiere al desaparecido MS Groups.
[2] Aquí en Blogger, no se puede expresar la profundidad y otros detalles de esta tabla HTML.

[publicado originalmente el 25 de junio de 2004 en MS Groups]

sábado, 24 de enero de 2004

Biólogo


"En esta imagen actualizada, cada icono es una lectura del GPS (Trimble EnsignXL, de 100 memorias) que tomamos [a lápiz] en el campo de 1996 a 1997 en el transcurso del proyecto. Son 2571 coordenadas en 21 rutas de muestreo. Cada lectura tiene asociada información sobre: identificador, memoria GPS, ruta, día, hora, localidad, referencia, municipio, Estado, altitud, motivo del registro y notas. La línea roja muestra la 'ruta mínima' de unión entre las coordenadas [no representa carreteras, pero las sugiere], ordenadas por ruta, fecha y hora. En esta implementación de 2007, la base de datos fue transformada con z_KML y visualizada en Google Earth; cada línea e icono despliega en pantalla a un click, su información asociada."


Recuerdos de cuando realizábamos de 1996 a 1997, el muestreo de la tortuga terrestre Gopherus berlandieri en el Noreste de México.[1]

En un lugar cercano a Padilla, Tamaulipas, un día viajábamos a vuelta de rueda en una camioneta por terracería, con la intención de observar ejemplares y estimar su densidad. A mitad de la nada, nos topamos a un campesino, quien después de saludarlo, presentar nuestras credenciales, motivos del viaje y preguntarle si el había visto tortugas, nos dice con mucho asombro:

- ¿Que?, ¿buscando tortugas? ¿Y LES PAGAN POR ESO?

Un poco más adelante, nos detuvimos junto a un pastor para pedirle indicaciones. Yo creo que lo sorprendimos, porque cuando abrí la puerta, el saltó corriendo para alejarse de nosotros hasta que se perdió entre la vegetación; lo curioso fue que no nos quitó la vista de encima y el terreno estaba rebozante de espinosas lechuguillas, o sea, corrió sin ver a donde ni por donde. Después nos enteramos en el pueblo, que se asustó y pensó lo peor. Lo regañaron.

Quien sabe que pensaría, pero nos imaginamos: 'camioneta de lujo, del año, doble cabina, vidrios ahumados, con clima, en una terracería a mitad de la nada y a vuelta de rueda', creo que cualquiera desconfiaría de sus ocupantes.

En otra ocasión, bueno, en varias, pero recordando una muy especial, que nos sucedió entre las sierras de Coahuila y Nuevo León, nos detuvieron en un curioso reten que estaba en un camino que no lleva a ningún lado (por inútil, nos dijeron que es mejor usar la carretera Monterrey - Saltillo). Un policía rural nos pregunta como hastiado y por formalismo:

- ¿De donde vienen y que andan haciendo por aquí?

Le dijimos lo mismo de siempre, pero al escucharnos, levantó 'sus antenas' y con pose de incrédulo no dice:

- ¿Tortugas? ¡nnnnoooOOO!... ¡bájense!, los vamos a revisar.

En todas las ocasiones, al conocer lo que hacíamos quedaban encantados y muy serviciales. Un agradecimiento a todos ellos.

La locura fue cuando nos topamos... bueno, mejor lo cuento al revés: Después de salir de una terracería, nos detuvimos en un entronque para leer el mapa, en eso estábamos cuando un auto se estaciona adelante de nosotros de manera ruda y aparatosa. Del auto se baja una persona armada y gritando, la cual camina hacia nosotros como atropellando lo que se le atraviese. Por supuesto nos quedamos petrificados hasta que ya casi junto a nosotros le entendimos lo que estaba diciendo. Era algo así como:

- ¡Hola mis amigos!, ¿encontraron muchas tortugas?, ¿cuantas vieron?, ¿no tuvieron contratiempos?, etc, etc, etc.

Era un policía judicial que nos detuvo para revisión en un reten unos días antes, nos vio nuevamente y se acercó a saludarnos, muy a su manera. Válgame el susto.

En otra ocasión, en los muestreos cerca de Guerrero, Tamaulipas, teníamos la oportunidad de ir y venir al rancho donde estaba el campamento. Pero había que atravesar un reten militar; en la primer pasada y sin bajarnos de la camioneta, explicamos ampliamente nuestros deberes y nos dieron 'casi' el paso libre. Cruzamos ese día como 6 veces, ida y vuelta, pero la última ya era atardeciendo, casi de noche. Al llegar al reten, nos detuvieron por sospechosos; nos explicaron el motivo:

- Dijeron que andaban estudiando tortugas durante el día; ahora ya no hay luz y no pueden ver las tortugas, así que ¿realmente que andan haciendo?

Quedamos muy complacidos por la explicación, mis respetos. Durante el proceso, me tocó ver algo muy interesante; uno de los soldados se le quedó mirando al vernier (Haglöf Mantax aluminum caliper) de 80 cm, construido en aluminio mate y protectores fijos de plástico color negro, muy bonito, el cual estaba casi a mitad de la caja de la camioneta (el otro objeto en la caja de la camioneta era una hielera). Se acerca lentamente y lo toma con cuidado, lo observa con detenimiento, por el lado derecho y luego por el izquierdo, después lo agita verticalmente como para sentir su peso, su mirada la dirige hacia la punta, la cual acerca a su cara lentamente, como tratando de ver algo escondido y que puede ser peligroso; por fin lo toma como si fuera una arma, lo acerca a su costado apuntando y luego lo aleja para verla por un solo lado; al final, con la misma lentitud, coloca el vernier con mucho cuidado en el lugar de donde lo tomó y se le queda mirando unos instantes. En este momento le digo:

- Es un aparato para medir el tamaño de las tortugas.

Voltea a verme sin cambiar su semblante, después mira el vernier, gira su cabeza para otro lado y se retira. ¿Quien sabe que pensaría? Bueno, lo intuimos.


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[1] Niño-Ramírez, J. A.; R. Y. Benavides-Ruiz; A. Guerra-Pérez y D. Lazcano-Villareal. 1999. Distribución y estructura poblacional de la tortuga de Berlandier, (Gopherus [=Xerobates] berlandieri) en México. Universidad Autónoma de Nuevo León, Facultad de Ciencias Biológicas. Informe final SNIB-CONABIO proyecto No. H093. México D.F.

[publicado originalmente el 24 de enero de 2004 en MS Groups]

lunes, 9 de diciembre de 2002

2002 NT7

Por varios años, los últimos, he estado hostigando a la gente con una serie de preguntas, enfocadas al conocimiento de cada quien, en cuanto a la permanencia de la vida. La pregunta más directa, concreta y compacta es: ¿Cómo argumentarías para convencer que la humanidad debe seguir existiendo?

El marco conceptual es el siguiente:
A través de la evolución, el final de una era o período geológico se caracteriza con un desastre de proporciones para nada leves. Este fenómeno tiene la suficiente presencia como para que el perfil biológico de antes y después sea notablemente diferente. Con extinciones y expansiones de linajes; se pudiera decir “la tragedia de unos es la oportunidad de otros”. Aunque se jura y se perjura de que en la ecología no existen los nichos vacíos, cuando un montón de nichos quedan sin usarse ¿sobran recursos? ¿se eliminan barreras? ¿disminuye la presión selectiva? ¿se desparraman las especies remanentes? ¿se relaja el sistema y ya no importa que seas diferente?

Por ejemplo, el final de los dinosaurios --y otras sabandijas- y la expansión de los mamíferos, se relaciona con dos fenómenos: El extenso vulcanismo en Siberia –las trampas siberianas- y el posterior asteroide en Yucatán. No sucedió en un día, pero la historia cambió y es una pieza del porque hoy nosotros estamos aquí. Evolutivamente se podría pensar, para que surjan cosas nuevas, debe haber grandes cambios.

La famosa encuesta que relajadamente he aplicado, tras el telón tiene lo siguiente, ¿debemos dejar que la naturaleza siga su curso, inclusive cuando uno como especie este de por medio? ¿tenemos el derecho de evitar un desastre natural de magnitudes épicas y que dejaría el terreno fértil para que surjan nuevos linajes? ¿tenemos el derecho de evitar que surjan nuevos linajes?

Como respuesta, he obtenido tres grupos de argumentaciones:
  1. Porque si; debemos seguir existiendo sin explicaciones.
  2. Debemos evitar el cambio, solo porque podemos evitarlo.
  3. El instinto de supervivencia nos puede hace luchar ferozmente por nuestra vida.

Aunque no lo crean, el argumento tres lo utilizó una sola persona y está aquí entre nosotros[1]. Dos tercios expresó el argumento uno. Nadie utilizó otros conceptos que en teoría yo esperaba, como los basados en Dios, la Evolución, mi familia y/o “me duele”. Yo me pregunto ¿No hay más argumentos (aparte de los tres grupos mencionados arriba)?

Este desvarío mío, tal vez tome importancia después del descubrimiento del asteroide 2002 NT7 [2]. Importancia en meditar profundamente en la existencia de la vida --nuestra vida-, sus fines y consecuencias. Este asteroide es el primero con probabilidad no cero[3] de impacto en la tierra y que pudiera hacer desaparecer algún continente, algo así como:
América 0, NT7 1, fin del partido...

Si 2002 NT7 realmente está en ruta de colisión, estoy seguro de que se hará lo posible por detenerlo, hasta las últimas consecuencias. Pero, ¿cual es el argumento para tener el derecho de detenerlo?

Me gustaría conocer sus opiniones.

Antonio Niño, 9 diciembre 2002

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[1] “Aquí entre nosotros”, se refiere al desaparecido grupo “Amigos de Biología II”, donde originalmente se publicó este post.

[2] Jet Propulsion Laboratory: JPL Small-Body Database Browser: 89959 (2002 NT7) // Link

[3] Actualmente no se considera que fuera el primero con probabilidad no cero. La probabilidad referida es según la escala Turín // Link


[publicado originalmente el 9 de diciembre de 2002 en MS Groups]

sábado, 7 de diciembre de 2002

La Luna y la Bestia: Lo que existe bajo su cara.

Hace tiempo, medrando con mi interés por las estrellas, observaba el cielo nocturno con unos binoculares, esa noche era adecuada porque la luna estaba en cuarto creciente, lo que permite una buena posibilidad de admirar a las estrellas y también la parte iluminada de la luna, la que por estar un poco iluminada por el sol, permite que detectemos la altura de sus cráteres. Pero nunca había caído en cuenta de la parte de la luna que no está iluminada, ya que pensaba que por la falta de luz no se puede visualizar; lo que de cierta manera tiene sentido ya que la parte brillante deslumbra la vista.

Pero en ese momento, al observar con cuidado la parte oscura, admire algo que nunca me hubiera imaginado, algo que me erizó la nuca y que me generó un cierto grado de terror y angustia. Era la luna vista como lo que realmente es y no como cotidianamente la vemos. La conciencia de la luna como una inmensa mole rocosa, si, como una gigantesca roca suspendida sobre nosotros, un terrón que se antoja inverosímil que flote sobre nuestras cabezas. Una cara que al instante parece monstruosa, con grietas, manchas y cráteres, que mi intuición me dice que debería caer como cualquier objeto hacia nosotros, aplastándonos de manera inevitable. Esa cara no evoca lo poético ni lo sublime y mucho menos lo épico o mitológico. Es un ente que siempre ha estado a nuestro lado, pero que jamás antes había visto.

La sensación es tal vez similar a lo que aparentaron sentir los personajes de una película de ciencia ficción, cuando al final de la trama desaparece el control mental que les impedía ver la realidad y podían ahora detectar algo espantoso... algunas personas que los rodeaban, incluso algunos de sus seres queridos, se observaban de piel transparente y con una claridad desagradable de su esqueleto --eran extraterrestres-. La película es Sobreviven/They live (John Carpenter. 1988).

Ese fue mi sentimiento al entrar en contacto con la parte de la superficie que no estaba oculta por la luz y que me hace meditar en la otra cara que siempre estará oculta a nosotros ¿como será verla desde el espacio sin la luz solar? Las emociones que sentí fueron momentáneas, por lo que al pasar los minutos desaparecen, pero no así la angustia, la que aun ahora me queda como un leve eco remanente.

Y una agradable sorpresa; acabo de empezar a leer un libro llamado 'El descubrimiento de las sombras' (Robert Casati. Editorial Debate, 266 pp. 2001); un texto con enfoque científico acerca de la luz, las sombras y la perspectiva en nuestra visión. En sus primeras páginas menciona una de las vivencias del autor, un caso perfecto para atraer la atención del lector y que fue el detonante para que escribiera ese libro. Es prácticamente lo que ya les he mencionado, con la diferencia de que el lo vivió a través de un eclipse total de luna, desde un piso en Francia.

El menciona algo así como que la luna la observamos como una diosa radiante, como si fuera un foco que flota por sobre nuestras cabezas; es el efecto de brillar por la luz del sol, pero su verdadera cara es terrible y solo nos la presenta en los eclipses. El no llega a mis extremos emotivos, pero si expresa calificativos como tenebroso y perturbador.

Cita a Goethe (Fausto) '... ¿te atreves tú, monstruo junto a la belleza, a revelarte a la mirada de Febo, que conoce? Por eso acércate más: que Él la fealdad no ve, cómo su ojo sagrado jamás ha mirado la sombra...'

Me parece curioso que por lo menos una persona tuviera sentimientos y percepciones algo similares a los míos, hacia un fenómeno cuya manera de enfocar puede ser extravagante... ¡¡¡ y que haya escrito un libro partiendo de eso !!!

Antonio Niño, 7 diciembre 2002


Addenda. Con todo lo anterior en mi cabeza y en ese tono, disfrute el eclipse de luna de días pasados. Me di cuenta de que aun y estando preparado de que la oscuridad en la luna es motivo de desacato racional, la luna así, es perturbadora. El fenómeno es realmente maravilloso ... y entré a un nuevo escondrijo: la luna casi sin luz no deslumbra la mirada a las estrellas que casi están detrás de ella, lo que permite un efecto tridimensional --la profundidad en la distancia-, la luna se percibe flotando entre nosotros y las estrellas. Tal vez más palpable me entiendan los que han utilizado la estereoscopia aplicada a las fotografías aéreas. Con esas lentes las imágenes planas de los objetos se desanudan ocupando sus verdaderas posiciones relativas en el espacio.

Antonio Niño. 7 junio 2003.

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[publicado originalmente el 7 diciembre 2002 en MS Groups]